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jueves, 21 de abril de 2016

Bodas de Aluminio

22 de abril de 2006.
Sevilla, un día primaveral donde la fragancia del azahar, la brisa de abril y la alegría de esta estación, vestía la plaza Virgen de los Reyes.

Un camino de flores se hacía desde el hotel Doña María hasta la puerta de Palos. Allí cuatro amigas que sostenían dos arcos de blancas margaritas, me esperaban. Yo asomaba feliz, del brazo de mi padre,  orgullosa, caminando con paso firme hacia el altar, para jurar ante Dios el amor al que desde entonces es mi marido.
Al entrar, un joven, tan elegante como nervioso, me miraba sonriente. Nuestras miradas se reflejaban felices y emocionadas. 
Una ceremonia preciosa, íntima, como nos gusta celebrar las cosas, conseguir saborear la esencia de los grandes momentos.

Esos momentos imborrables, como la sorpresa de una Ronda de Tunos la noche previa al gran día o como el último desayuno de soltera con mis padres. O ese otro, cuando mi hermana entró en mi habitación y me mira emocionada al verme ya vestida de novia. La radiante sonrisa de mi hermano, se notaba que estaba orgulloso del paso que iba a dar. 
Cuando mi amiga del alma, Ana, me entregó el ramo de novia. Ese abrazo de puro sentimiento, primer abrazo ya de casada que me dio mi madre mientras aún quedaba revoloteando algún pétalo de rosa. Ese beso cariñoso, de los últimos que me daría mi abuela... Fue tanta magia la de aquel día...

Un día en el que nos sumergimos en el cariño sin límites de nuestra gente. Un día en el que contestamos a la pregunta más corta y más responsable de nuestras vidas. Una respuesta que fue sólo un SI pero que estaba contestada con todo el amor, compromiso e ilusión que cualquiera pudiera soñar.

Una boda tan bonita que como nos escribieron unos amigos "Con un comienzo así, vuestro matrimonio no puedes ser menos que maravilloso"

Una década juntos, bodas de aluminio que le llaman, y aún tenemos la sensación de estar estrenándonos. 
Una década de experiencias, agradables la mayoría, afortunadamente la vida nos está tratando bien.  O será ese dedito de Dios sobre nosotros al que hacemos referencia tantas veces. Una década para crear una familia, unos cimientos cristianos en un hogar de mucho amor, respeto y comprensión. 

Por mil vidas que tuviera, siempre contestaría SÍ QUIERO a la misma persona.





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